Día 1: un comienzo con mucha ilusión

Dicen que escribir un diario cada noche es algo muy sano para la mente, algo así como una liberación de todas las vivencias del día, en la que se reflejan emociones, impresiones y anhelos que hemos experimentado a lo largo de la jornada. Muchos psicólogos lo aconsejan como terapia, y oye, quién soy yo para decir lo contrario.

Ahora, al llegar a este momento de mi vida, me pregunto si será igual de terapeutico no sólo escribir sobre las últimas 24 horas, sino también desde más atrás. Claro que lo suyo sería haber empezado antes, pero bueno, nunca es tarde si la dicha es buena, la verdad, y más vale tarde que nunca. Bueno, en vez de este derroche de refranes, lo que quiero decir es que estoy contento de que se me haya ocurrido averiguar esta cuestión, porque me hace ilusión comenzar este blog y saber qué tan bien me voy a sentir con este proyecto.

En breve voy a empezar a hablaros de mi vida: de mí mismo, de las personas que me rodean, de la gente que conozco y he conocido,  y de algunas de mis vivencias. Parece que soy arrogante pensando que estas cosas le pueden importar a alguien, pero como digo, mi intención es hacerme mi propia terapia; aunque claro, si a alguien más le sirve para algo, o como mínimo le entretiene, pues mejor que mejor. Mis amigos me han animado a ellos, y a más de uno tengo interesado a ver qué es lo que voy a contar en estas páginas, por si cuento algún secreto que ellos desconozcan. No prometo nada, pero intentaré hacerlo lo más ameno posible.

A veces pensamos que las cosas que nos pasan sólo nos ocurren a nosotros, y nos hacemos nuestras propias torturas mentales dándole vueltas a ello una y otra vez. Plasmar estos pensamientos en palabras, ya sea hablando o escribiendo, hace que dejen de estar solamente en nuestra cabeza, y si además lo compartimos con otra u otras personas, lo que nos tortura empieza a parecer menos grave, e incluso podemos llevarnos la sorpresa de que a ellos les haya pasado algo similar, o puede que peor. No es muy agradable eso de consolarse con desgracias ajenas, pero a veces puede resultar muy útil, mal que nos pese.

Bien, creo que como introducción ha sido bastante, ahora sólo queda ponerse manos a la obra. Espero que estéis tan impacientes por leer como yo por escribir, nos veremos pronto y espero que os quedéis por aquí, primero por curiosidad y después por verdadero interés, o porque os guste lo que leéis.